lunes, 24 de febrero de 2014

SUEÑO

Habías despertado y
ahí estaba,
la cobija perfecta era sobre su piel,
aquella piel dorada,
desnuda bajo la blancura
y el sol entrante entre la ventana.

Observabas;
su silueta, curvas perfectas de tentación,
sobre las almohadas, sobre la cama,
con un aroma de rosas, de noche fresca
en el amanecer,
sus ojos, radiantes, bellos y perfectos
cual diamante en bruto escondido bajo
la tierra, encontrándose ser,
sus piernas torneadas, bronceadas,
piel canela, piel sabor miel,
perfectas para la ocasión,
sus pechos, auroras boreales escondidas,
suaves, tiernas, divinas y mas que sencillas.

Ahí estaba a tu lado, bajo la blancura,
contigo entre las sabanas, desnudos,
piel a piel, sobre las mentes, entre el amanecer,
entre la noche perfecta de ayer,
mas olvidaste algo;
lo era, simplemente, lo era,
aquella bella mujer,
tierna, dulce que voló contigo,
que suspiro, que gimió, que presento el placer
y te hizo ser.

Lo era, ella, cual ángel bajado del cielo,
con alas cortadas, con pergaminos sin escrito
y sentidos de dolor, de aroma a noche,
a deseo, a sexo.

Posabas sobre ella, con el sentido de la vista
vaciabas cada estrechura suya
como queriendo conocer mas
y su respirar era lento, tercio entre tus oídos
entre tu pecho que sentía su calor,
y su sentido de descasar sobre tu piel...

Perfecto era, lo era, mas un golpe toco tu cuerpo,
te hizo abrir los ojos
y ahí no estaba ella,
solo tú, tu almohada y el sol entrante
en la ventana, que ve al mar.