miércoles, 26 de febrero de 2014

MI TIERRA

No me pongas una vela,
ni comida, ni agua, ni aromas,
simplemente déjame tu ser
cuando yo venga.

Como la tierra de donde nací,
del fruto y recurso del mineral,
de las cosas extraordinarias
y las montañas extensas de plata,
verde, azul o a veces rojo.

Del sustento del trueque,
de los huaraches sencillos
y los dedos fuera del zapato,
que buscan, que calientan el suelo
con los pasos alcanzados
y los milagros sucedidos,
los sueños alcanzados y zapatos nuevos.

No pongas velas,
ni una comida complicada,
ni una moneda,
solo tu ser para saber
que aun existes en esta vida
y que algún día podre llegar a ti.

Como la tierra nacida de mi, de la gente,
de los pasares del agua y del clima caliente,
que suben las nubes y bajan las tierras,
entre charcos entre lagrimas de lluvia
y banderas de plumas.

Del chocolate y de la semilla misma,
del sabor extraño, dulce y amargo,
raíz del Dios, raíz de la amiga-mía,
la acción, el trabajo y los esfuerzos
de la gente, del sudor valiente
y las guerras frias de tu vientre.

No coloques nada,
¡nada!¡nada!¡nada!
simplemente tu ser,
te quiero a ti;
oler, besarte suavemente
y creer que volví a nacer,
en mi tierra, en mi vida,
en tí.